¿Y si todo hubiera salido bien?...

 Ha pasado tiempo desde que toda esa ilusión se fue de mi mente para siempre, lo sé, pero día a día la misma pregunta ronda por mi cabeza sin descanso: ¿y si todo hubiera salido bien?...


Este sueño comenzó hace unos tres años, cuando un familiar me comentó la idea de salir del país y me preguntó si estaba interesado. Yo, con la inocencia de un niño de diecisiete años, le contesté que sí. Eso desencadenó una ilusión grandísima en mí que cada día hacía más fuerza desde aquel diciembre de 2021. 


Lo primordial era mi formación académica: yo en ese entonces aún estaba cursando el bachillerato, por lo que tenía que finalizarlo sí o sí para continuar con el proceso de aquel sueño que quería hacer realidad. Además del tema académico, también debía analizar el tema del visado, cosa que, sin dudas, fue lo más complicado de todo esto.


Año 2022, empieza la aventura de este sueño. En agosto de ese año después de una ruptura amorosa que me dejó secuelas pude conocer a quienes me iban a recibir allá, pues, si bien eran familiares míos, nunca había tenido contacto de algún tipo con ellos. Nos reunimos en algún lugar de la capital, hicimos varios acuerdos y dimos el visto bueno por ambas partes. Finalizando ese año empecé a hacer todo el tema de la documentación, puesto que lo planeado era viajar en enero de 2023; por tanto, de septiembre a diciembre, adelanté lo que más pude hasta que finalizó dicho año.


Enero de 2023. Llegó la hora de aplicar a la visa: hice el respectivo registro biométrico y envié una documentación muy superficial y no argumentada con la esperanza de ser aprobado lo más pronto posible. No obstante, llegó el baldado de agua fría el 10 de febrero: solicitud rechazada. En medio de mi desesperación, envié una nueva solicitud al instante sin siquiera haber revisado los errores que causaron el rechazo por parte del cónsul, lo que me hizo recaer en una nueva negación un mes más tarde. Tomé las cosas con calma después del segundo rechazo y empecé a informarme más al respecto para no fallar otra vez en la tercera solicitud: contacté asesores, leí artículos, vi videos, etc. Cuando ya tuve la suficiente información para corregir los errores cometidos para la tercera solicitud, supe que ya era imposible viajar en 2023, por lo que tuve que postergar el viaje hasta enero de 2024.


7 de septiembre de 2023. Tras meses de autenticaciones, largos recorridos y un sinfín de papeleo, llegó el día de la última aplicación (digo que fue la última porque yo tenía muy claro algo: si esta aplicación no era aprobada, abandonaba esto y me hacía la idea de que eso no era para mí), así que en horas de la tarde envié todo lo recolectado y una vez más esperé la respuesta.


12 de octubre de 2023. Un mes después, un día común y corriente, recibo por fin la respuesta, que tanto me tenía ansioso. Yo no podía asimilar que esta tercera solicitud hubo sido aprobada después de tantos fallos. La emoción era tanta que no pude contener las lágrimas. Sin embargo, sabía que esto era solo el comienzo de todo y que debía estar a la altura de lo que venía. 


Enero de 2024. Llegó el día en el que por fin iba hacia ese destino que por mucho tiempo me tuvo esperando. Tras una emotiva despedida de mi familia y de algunos amigos, abordé y volé allí.

Al llegar yo aún estaba pensando que todo era un sueño, pues eso fue algo que veía como algo inalcanzable. Sin embargo, no había tiempo para asimilar nada: tenía que adaptarme lo más pronto posible; se venían exigencias durísimas. Adaptarme fue lo más difícil que tuve que enfrentar: clima totalmente complicado, idioma nuevo, comida nueva, gente nueva y culturas nuevas eran solo una de las cosas que me complicaron la vida los primeros días.


Los problemas empezaron días después de yo haber llegado: las limitaciones ecónomicas y el estatus migratorio que yo tenía afectaban mi progreso en dicho país. Sin embargo, logramos remediarlo durante unos meses hasta que llegó un punto en el que nos fue imposible continuar.


13 de abril de 2024. Tras analizar la complicada situación que me tenía sobrepensando durante días, acordamos juanto a mi familia que lo mejor era regresar por falta de garantías. Por supuesto que yo estaba totalmente desconcertado con aquella noticia, pero entendí que era lo mejor para ambas partes y lo asimilé como tal. 


12 de mayo de 2024. Luego de haber visitado varios lugares turísticos en los últimos días que me quedaban allí, llegó el día de dejar ese sueño para siempre. Durante todo el día, parecía que todo pintaba bien: mi ánimo estuvo por las nubes, la comida sabía mucho mejor, la gente era más amable... En serio, parecía que la vida me estaba sonriendo después de aquella noche de julio de 2022 que me marcó para siempre. Me sentía en paz a pesar de saber que en la noche iba a dejar esto para siempre. Todo fue bonito hasta que estuve sentado en la sala de espera del aeropuerto esperando mi vuelo: durante horas estuve asimilando todo. Jamás olvidaré aquella escena en la que estuve llorando desconsolado en aquella sala del aeropuerto y con una tristeza profunda que estuvo conmigo toda la noche. 


13 de mayo de 2024. Volví, me reencontré con quienes quiero y empecé de cero nuevamente. No fue fácil volver; aquí también hubo complicaciones al principio, pero supe manejar las cosas y logré sacar todo adelante.


Con el paso del tiempo, las cosas han ido mejorando aquí considerablemente. No obstante, aún retumban a diario en mi cabeza esos recuerdos que me hicieron tan feliz allá (desde un simple paseo por el vencindario hasta la visita a la ciudad grande... Todo, todo aún lo recuerdo) y la misma pregunta que me he hecho desde que volví: ¿y si todo hubiera salido bien?... Es, sin duda, una herida con la que cargaré mucho tiempo.


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